El tema de los universales tuvo su origen en Aristóteles, y
es, en principio, una cuestión lógico-predicamental, ya que en De la Interpretación el filósofo define
a lo universal como lo que es apto para ser predicado
de muchos, en contraposición con lo singular; aunque la cuestión cobra un matiz
ontológico al usar el término res
para referirse a lo universal, es decir, distingue entre “cosas” universales y
“cosas” singulares. En esta forma de nombrar lo universal, encuentra Porfirio, un
punto “problemático” que prefiere no abordar (ya que solo se ocupará del
carácter lógico) y que abrirá la discusión sobre el problema de los
universales: la subsistencia ontológica del universal.
El texto que plantea por primera vez este problema es la Isagoge, de Porfirio, texto que escribe
para el estudio de la lógica y la comprensión de las categorías aristotélicas,
que resultan útiles para dividir, definir y demostrar. En él describe cinco
voces universales: género, especie, diferencia específica, propio y accidente.
Y como dice ocuparse solo del aspecto lógico, que es su objetivo, explica que
no intentará elucidar la cuestión de si los géneros y especies subsisten o
forman parte del mero pensamiento; si son corpóreos o incorpóreos y de si
subsisten separados de la realidad sensible o son inmanentes a ella. Pero
aunque señale no ocuparse de ello, sin embargo, lo hace al caracterizar
claramente los modos posibles de existencia del universal, incluso obturando él
mismo algunas opciones en su planteo, por lo que Porfirio señalaría que los
universales subsisten ontológicamente y son incorpóreos. Deja sin resolver, sí,
la cuestión de si subsisten separados de lo sensible (tesis platónica) o son
inmanentes a ello (tesis aristotélica).
Esta
introducción resulta necesaria para adentrarnos en el texto de Boecio, ya que aquellas
son las fuentes que trabaja el comentador. En su Comentario a la Isagoge de Porfirio se ocupa del carácter
ontológico del universal del que Porfirio rehúsa hablar, y encuentra en el dilema
planteado una nueva forma de abordar la cuestión. Esa novedad introducida por
Boecio es llamada “Giro gnoseológico” o “dimensión gnoseológica” y resultará
fundamental para el debate sobre la cuestión de los universales.