Romperse para trascender
Cuando aprendés algo nuevo, y me refiero a algo completamente nuevo
(desde el formato, el tema, el enfoque), sentís que te rompés por
dentro. Pero hablo de un “romper” trascendente, algo así como
salir del huevo, o agrietar el molde. Empezás a cuestionarte todo lo
que construiste, cómo, desde qué lugar. Entrás en un doble diálogo
con el aprendizaje: desde el estudiante que sos, que se está
transformando, y desde el docente, también, cuando te dedicás a
eso. ¿Cómo construimos conocimiento? ¿A qué le llamamos
“conocimiento”? ¿Y para qué sirve? ¿Nos sirven las formas
hasta ahora conocidas de enseñar-aprender y construir conocimiento?
Hace unos meses que me estoy rompiendo. Es un proceso. Hubo otros
quiebres antes, pequeñas rajaduras que terminaron de abrirse ahora.
Ser docente de secundaria en esta escuela virtual empujó de un lado;
las prácticas narrativas empujaron del otro; mis trabajos finales
del profesorado de yoga ajustaron un poquito más; el proceso de
cierre de un proyecto colectivo terminó de apretar, y ¡crack!:
escribo.
Y porque mi forma de pensar es escribiendo, acto doble y extraño que
ejercí toda mi vida, y porque todo saber, ahora lo entiendo, es
absolutamente personal y experiencial, para explicar por qué creo
que necesitamos un cambio de paradigma educativo YA, necesito empezar
a pensar y comunicar este quiebre hablando de mí.
Pequeñísimo relato autobiográfico que viene al caso: sobre las
fisuras
Mi relación con el conocimiento es esencial y es parte de mi
identidad. Creo que quien enseña, debe aprender constantemente, y
que quien aprende, enseña. Si la relación enseñanza-aprendizaje es
efectiva, es profunda, es significativa, el proceso es simétrico:
todo maestro es aprendiz y todo aprendiz, maestro. La
enseñanza-aprendizaje es una experiencia de transformación
recíproca, nunca terminada, y esto no deja jamás indiferente a la
construcción de nuestra identidad. Esa es la base sobre la que estoy
pensando este texto, este proceso. Esta idea, a pesar de ir a
contrapelo de todo lo que me enseñaron, y que se han esforzado en
aniquilar, siguió latiendo calladita, hasta hoy.
