(Extracto de: “La construcción del yo en Peer Gynt de Henrik Ibsen”, expuesto en el I Congreso Argentino de Historia del Teatro Occidental, organizado por UBA-Centro Cultural de la Cooperación-Centro Cultural Ricardo Rojas, septiembre 2004, puede verse el trabajo completo aquí--->La construcción del Yo en Peer Gynt de Henrik Ibsen )
En el presente artículo nos hemos propuesto un objetivo tan complejo como interesante: el análisis de la construcción del yo en la obra Peer Gynt, de Henrik Ibsen, a la luz de la estética romántica.
La diversidad de la obra es notable: por sus fuentes, por los elementos constructivos, por sus temáticas, por los contactos biográficos con el autor, por las influencias filosóficas e ideológicas, por las referencias a la sociedad noruega. Basta como ejemplo considerar que su personaje principal es un hombre con rasgos fáusticos y donjuanescos, que representa un tipo social noruego y que se cuestiona acerca de su yo.
El protagonista y núcleo central de significaciones es el personaje que da nombre a la obra. Peer lleva consigo más que la realización de la trama, es quien encierra los múltiples significados y lecturas de la pieza, es el personaje con la carga semántica más potente y a través del cual, a su vez, podemos condensar todo el argumento: contar la vida de Peer es contar la obra Peer Gynt.
Peer es un joven fantasioso (y un viejo fantasioso también porque en ello transcurre su vida), despreocupado y con espíritu acomodaticio. Es un personaje que huye de los demás y en cierta forma de sí mismo. Los críticos han caracterizado a Peer de formas diferentes, entre lo querible y lo despreciable pasando por una diversa gama de definiciones. No es algo difícil de comprender si tenemos en cuenta la riqueza del personaje en cuanto a su constitución. Peer es un personaje muy humano, en el sentido más estricto. Ama, odia, se avergüenza, hiere y lo hieren, reflexiona, es cobarde pero a veces noble. Peer es una gama de sentimientos encontrados apresados en un mismo cuerpo (rasgo del sujeto romántico), y eso lo hace entrañable, pero reprobable.
El argumento de la obra versa sobre las aventuras y las situaciones que vive desde su juventud hasta su muerte. Peer, joven fantasioso habitante de una aldea noruega, burlado y humillado por sus conocidos, comienza una larga travesía luego de raptar a Ingrid, una muchacha recién casada a la que abandona para vagar solo por la montaña, donde en una atmósfera confusa (entre sueño y realidad) tiene un encuentro con tres pastoras y luego con los duendes de la montaña de los cuales huye no sin sufrir profundos cambios.
Planea construir un hogar junto a su enamorada Solveig de la que huye antes de lograrlo, impulsado por sus culpas y fantasmas. A partir de allí, luego de asistir a la muerte de su madre, se marcha a diferentes lugares donde lo veremos transformado en traficante, profeta, historiador y emperador de los locos.
Envejecido, retorna a su aldea natal, camino a la cual sufre un naufragio al que sobrevive. Una vez allí, asiste a un entierro, luego a un remate, y se topa con un fundidor de almas “falladas” que le otorga un plazo para no fundirlo con la condición que demuestre haber sido “él mismo”. Después de dos encuentros infructuosos de conseguir testigos, a la tercera amenaza del fundidor, encuentra a Solveig, su amor, quien tiene la respuesta que tanto buscaba Peer. De esta manera, retrasa al fundidor y permite que Peer se redima en su amor y vuelva al punto de partida: el regazo de un amor maternal.
Podríamos afirmar, entonces, que Peer es el personaje en torno al cual se organizan todas las acciones y significaciones. Va buscando su camino y cobra espesura en ello, pasa de ser un simple muchacho soñador y rechazado que huye de sus propios miedos y miserias, a ser un hombre que busca una identidad, busca ser “él mismo”, para finalizar siendo un anciano desesperado y reflexivo que indaga en el significado del “yo”, de ser “él mismo” para encontrar con ello una personalidad que lo redima, una convicción que justifique su existencia.
El tema se va vislumbrando a medida que avanza la acción y, con el paso de los actos, las causas aparentemente superficiales que mueven a Peer a la acción se tornan profundos y filosóficos motores que llevan al personaje a cuestionarse acerca de la propia naturaleza humana: ¿qué es ser uno mismo?
Este ha sido el planteo que nos ha movido a sostener que el eje temático de la obra es la construcción del yo, ya que el personaje va construyendo diferentes “yo” a lo largo de la obra hasta llegar al punto de preguntarse por su naturaleza, respuesta que finalmente parece encontrar en la redención a través del amor.
Cuando hablamos del “yo” nos referimos a este entendido como personalidad, como identidad propia del ser humano. Peer busca una identidad, una esencia inmutable y coherente que lo defina como ser humano único, como Peer Gynt.
Pero lo que a nosotros nos interesa en este análisis no es solamente cómo construye su yo el personaje mismo, sino también cómo construye Henrik Ibsen al personaje, la unidad identitaria, la personalidad de Peer, el que como en una gran puesta en abismo, busca su identidad. Ibsen crea a Peer influido por determinados rasgos del sujeto romántico, y a partir de sus propias concepciones filosóficas e ideológicas. El personaje, dentro de la ficción, busca su personalidad esencial, su mismidad; para ello, Ibsen lo pone en relación con otros personajes y acciones que logran, mediante la relación dialéctica, que Peer construya su yo con el devenir de la trama y que se cuestione sobre cómo lo hizo.
El yo romántico en Peer Gynt
Si bien el mismo Henrik Ibsen parece no estar de acuerdo con la sujeción a los rasgos de las poéticas, es innegable que a grandes rasgos podemos inscribir su obra Peer Gynt dentro de los lineamientos de la poética romántica (no sin algunas dificultades). Al respecto, Alfredo de la Guardia en el Prólogo a Teatro selecto de Henrik Ibsen aclara que el escritor no se ceñía paso a paso a la poética como otros escritores, sino que introducía innovaciones de tono simbólico y místico que anticiparon la tendencia dramática neorromántica . Por otra parte, Gómez de la Mata habla del carácter simbolista en la obra de Ibsen, entendiendo por simbolismo como la puesta en obra de las analogías que enlazan el mundo interior con el mundo exterior, restableciendo la armonía de los elementos de la Naturaleza con todas las partes del conjunto . Podríamos decir que este simbolismo de tono “romántico” se encuentra también en la obra Peer Gynt.
El sujeto romántico es una pura singularidad. Es un hombre que se revela ante las leyes y los límites, un ser que forma su propia moral y lleva a cabo su plan en contra de la doxa común: este sujeto existencialista tiene una moral individualista. Peer no está apartado de ello. Individualista hasta el egoísmo, cumple con su voluntad y la lleva adelante hasta las últimas consecuencias; se aparta de todo y de todos, deja a su madre, abandona a Solveig y se afana en ser emperador a cualquier precio. Sin duda, sigue su propia moral: libre elección pero dejando un camino abierto para permitir la retirada. Se vuelve un personaje out law en el momento en que secuestra a Ingrid, la abandona para vagar mandando al demonio a todos los recuerdos y todas las mujeres, y es desterrado al bosque, sin permiso de pisar la aldea. Peer está al margen de la ley, todos en la aldea se le oponen por su carácter pendenciero y malvado.
Peer Gynt es un anti-héroe, despreciado, malvado, marginal, individualista, acomodaticio, mentiroso, borracho. Pero, como sujeto romántico, no es solamente un cúmulo de expresiones negativas. Tiene una doble naturaleza positiva y negativa, la vida lo va sumiendo en diferentes circunstancias que lo hacen cambiar, sufre terribles contradicciones internas; es así que nos reconciliamos con su aspecto positivo al ver a Peer envolver en una fantasía a su madre para evadirla de la terrible muerte, o abrazarse al regazo de Solveig entregado a su amor, aunque, cabe aclarar, que son pocos los momentos donde vemos sus mejores aspectos.

