La novela “Boquitas pintadas”, de Manuel Puig, publicada en 1969,
abre un abanico de recursos narrativos rico y novedoso. A partir del
trabajo con la polifonía y los géneros menores Puig elabora una
obra emotiva y dinámica que irrumpirá de manera exitosa en el campo
literario argentino.
“Boquitas pintadas” es la novela de las frustraciones, las
desesperanzas y los recelos. Estos son los motores que ponen en
movimiento a los personajes y generan enredos y desencuentros. Juan
Carlos, un joven galán de Coronel Vallejos, un pequeño pueblo,
conquista el corazón de Nené al punto de continuar constantemente
presente en la vida de esta aun después de muerto. En este amor
fallido entre ambos protagonistas se enlazan otras historias, se
tejen otras intrigas: Celina, hermana de Juan Carlos, quien se opone
a la relación y que abriga otros planes para su hermano, al igual
que Leonor, su madre; Mabel, una acérrima competidora de Nené, no
solo por la atención y el amor de Juan Carlos sino también por el
estatus social y el reconocimiento; La Raba, cómplice de ambas
mujeres en distintas circunstancias, quien termina siendo víctima de
sus hipocresías; Pancho, amigo de Juan Carlos y compañero de
aventuras, víctima también de este torbellino de odios y pasiones.
En esta historia, todos son humanos, con errores y virtudes, y todos
construyen, de alguna manera, el grueso tejido de desaciertos y
fallidos amores en los que se sustenta la novela.
Para una trama que permita matices de sentido, Puig escribe a partir
de la polifonía, es decir, elige que las voces de los distintos
personajes aparezcan directamente en el relato para incorporar
distintos puntos de vista. Esas voces aparecen a partir del uso de
distintos géneros discursivos, llamados géneros menores, por su uso
cotidiano y extraliterario, excluidos como formas narrativas de la
literatura canónica. Las cartas (privadas, cartas de lectores,
cartas formales), la agenda, el álbum de fotos, la crónica, las
noticias periodísticas, oraciones religiosas, denuncias policiales,
publicidades, actas judiciales, informes médicos, necrológicas,
radioteatro, son algunos de los géneros que aparecen en la novela.
El uso de cada género particular permitirá introducir las voces
directas de los personajes, que reproducen en la escritura, en
algunos casos la forma del habla, en otros, las particularidades de
escritura de cada tipo social al que representan. Por ejemplo, las
cartas de Nené están llenas de frases hechas, lugares comunes y
sentimentalismos, bien escritas, claras y ordenadas. Las de Juan
Carlos, abundan en expresiones de la oralidad y faltas de ortografía.
Los informes médicos reproducen el lenguaje técnico y abundan en
estructuras descriptivas, y las denuncias policiales o actas están
escritas con la jerga policial y respetan el estilo despojado y duro
de este tipo de discursos.
El trabajo sobre los géneros menores, implica entonces, una forma de
introducir lo popular, y una manera de dar un cauce pertinente a las
diferentes voces del relato, pero además, nos permite adquirir la
información sobre los hechos desde dos perspectivas distintas y
complementarias: la perspectiva desde lo privado, con las cartas,
agendas, oraciones religiosas, que muestran la dimensión interna e
íntima de los personajes, sus emociones, sus valores, sus
inquietudes; y la perspectiva desde lo público: los informes
médicos, denuncias y actas policiales, noticias periodísticas, que
enfocan los hechos desde afuera del punto de vista del personaje e
introducen cierta información más “objetiva” que nos posibilita
como lectores establecer una distancia reflexiva y ordenadora sobre
los hechos ocurridos. En medio, y con una aparición casi minúscula,
aparece una voz narradora en tercera que va hilando algunos
frangmentos, sobre todo en aquellas entregas donde se presentan las
cartas.
A la complejidad de perpectivas y géneros que construyen una obra
fragmentaria que es necesario reconstruir, se suma otro recurso que
introduce un nuevo nivel de complejidad: la intertextualidad. En este
caso, la intertextualidad se da a partir de citas y alusiones a
letras de canciones populares, películas y publicidades. Las citas
son utilizadas como epígrafes, al inicio de cada entrega, y remiten
a tangos y boleros famosos, que entran en relación de sentido con el
contenido del capítulo. También el título es una cita tomada del
tango “Rubias de New York”, que reza “deliciosas criaturas
perfumadas, quiero el beso de sus boquitas pintadas”, de donde no
solo saldrá el nombre de la obra sino también el encabezado de las
dos partes en que está dividida la novela: “Boquitas rojo carmesí”
y “Boquitas azules, violáceas, negras”, en referencia a la carga
valorativa y emocional del conflicto y los hechos que se van
desarrollando en cada parte, en uno positivos y alegres, en otro
negativos y trágicos.

