Bajo
el título de Bestiario, Cortázar saca a la luz, en 1951, un
volumen de cuentos inquietantes. Es su primer libro de cuentos
publicado, ese que cobijará a “Casa tomada” y “Carta a una
señorita en Paris”, entre otros seis cuentos de igual calidad:
“Lejana”, “Ómnibus”, “Cefalea”, “Circe”, “Las
puertas del cielo” y “Bestiario”, último cuento que da título
al libro. Me interesa, ante todo, proponer una línea de lectura
sobre este maravillosa obra, a partir de su título y la idea de un
bestiario del hombre moderno.
Los
ocho cuentos del volumen parecen trabajar sobre dos realidades que se
tocan, se fusionan, y hasta conviven. Una realidad cotidiana donde
irrumpe lo extraño, lo amenazante, lo desconocido, asomando como la
punta del iceberg de otra realidad que hasta el momento parecía
solapada, no advertida, olvidada. Esta aparición inquietante de lo
otro funda lo fantástico cortazariano: aquello que no puede
explicarse, que inquieta, que siembra la duda, pero que opera
inexplicablemente sobre nuestra realidad cotidiana. Pensando en la
concepción que el mismo Cortázar tiene acerca de lo fantástico,
podría hablarse de un realismo ampliado:

