jueves, 15 de septiembre de 2016

Bestiario: Los miedos humanos según Cortázar


Bajo el título de Bestiario, Cortázar saca a la luz, en 1951, un volumen de cuentos inquietantes. Es su primer libro de cuentos publicado, ese que cobijará a “Casa tomada” y “Carta a una señorita en Paris”, entre otros seis cuentos de igual calidad: “Lejana”, “Ómnibus”, “Cefalea”, “Circe”, “Las puertas del cielo” y “Bestiario”, último cuento que da título al libro. Me interesa, ante todo, proponer una línea de lectura sobre este maravillosa obra, a partir de su título y la idea de un bestiario del hombre moderno.
Los ocho cuentos del volumen parecen trabajar sobre dos realidades que se tocan, se fusionan, y hasta conviven. Una realidad cotidiana donde irrumpe lo extraño, lo amenazante, lo desconocido, asomando como la punta del iceberg de otra realidad que hasta el momento parecía solapada, no advertida, olvidada. Esta aparición inquietante de lo otro funda lo fantástico cortazariano: aquello que no puede explicarse, que inquieta, que siembra la duda, pero que opera inexplicablemente sobre nuestra realidad cotidiana. Pensando en la concepción que el mismo Cortázar tiene acerca de lo fantástico, podría hablarse de un realismo ampliado:

jueves, 1 de septiembre de 2016

Arte, teatro y política: Rousseau y la Carta a D'Alembert


I. A modo de introducción: teatro y política
Entre medio de los dos textos fundamentales de Jean-Jacques Rousseau, Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755) y El contrato social (1762), se encuentra la publicación de un curioso texto, en apariencia menor en cuestiones políticas: la Carta a D'Alembert sobre los espectáculos, publicada en 1758, en respuesta al artículo “Ginebra” que Jean D'Alembert escribió para el Tomo VII de la Enciclopedia.
Decimos “en apariencia menor” ya que el tema central del escrito es un rotundo alegato contra los espectáculos, en particular contra el teatro, y no pareciera, a simple vista, ocuparse más que de cuestiones morales y estéticas. Sin embargo, consideramos que debajo de la mordaz crítica que Rousseau hace al arte escénico, subyace un interés por sostener un gesto político, en tanto que el rechazo es una toma de posición clara respecto de cómo debe actuar el hombre virtuoso y la comunidad de la que es parte, para evitar la corrupción y perversión de la sociedad y de sus formas de participación política. Es el mismo Rousseau quien habilita esta lectura al señalar que “(...) todo lo que es malo en moral es malo también en política” (1996: 102). La condena moral al teatro es, por lo tanto, una condena política.
Para mostrar de qué manera la Carta a D'Alembert encierra una crítica política, en primer lugar, hablaremos del contexto socio-político en el que se escribe la carta y del motivo que dio origen al pronunciamiento de Rousseau sobre el teatro.