¿En
qué momento Gregorio Samsa deja de ser él mismo? ¿Qué constituye
a “Gregorio Samsa” como “Gregorio Samsa”? Kafka nos enfrenta
ante un interesante e intrincado problema: no solo nos habla de la
crisis del sujeto posmoderno alienado en la productividad y el
capital, y el desenmascaramiento de los vínculos “desinteresados”
de la familia posmoderna, sino también de la identidad. Con
sutileza Kafka nos arroja ante una pregunta que nos deja perplejos:
¿qué nos hace ser nosotros mismos, seres reconocibles para nosotros
y para los otros? ¿Qué constituye nuestra identidad?
Sabemos
que Gregorio ha sufrido un cambio misterioso pero decisivo: su cuerpo
es ahora el de un insecto (diremos insecto para ahorrarnos todas las
discusiones que proliferan al respecto sobre qué tipo de bicho es
Gregorio). Sin embargo, en un principio, sus inquietudes, sus gustos,
sus rutinas, su pensamiento, sus vínculos siguen siendo los mismos
que antes de su transformación.
Gregorio
vive para trabajar. No puede pensar en otra cosa porque su
preocupación (y ocupación) es producir para pagar las deudas
familiares. No es que ame su trabajo, solo que tiene que dedicarse a
él para sostener y salvar de la ruina a su familia. Es un sujeto
productivo, pilar de un núcleo familiar cerrado, por el que, en
nombre del afecto y la responsabilidad, debe sacrificarse. Aunque su
cuerpo, adoctrinado para el trabajo, ya no pueda producir, él sigue
pensando en ello un largo rato. Tomarse el tren más tarde, salir de
allí para explicar la situación y no perder su empleo, incorporarse
nuevamente a su rutina. ¿Pero cómo?
